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Sobre las armas como símbolo cultural


En mi trabajo he usado a menudo la imagen de las armas de asalto como símbolo, cuya significación ha ido variando dentro del contexto de mi obra.

Dentro del trabajo del colectivo Stidna!, lo fundamental era la ambigüedad del arma como símbolo. En un texto decíamos:

“Los símbolos no son universales, su interpretación varía de un lugar a otro, de una persona a otra. En nuestra obra hemos usado la imagen del fusil de asalto Kaláshnikov AK-47 en más de una ocasión. Con esta imagen queremos simbolizar un llamamiento a la rebelión, no al derramamiento de sangre. No obstante somos conscientes de que este símbolo, como todos los símbolos, contiene en su interior el bien y el mal, un lado luminoso y un lado oscuro, que en distintos entornos tendrán distintas importancias, distintos pesos relativos. Un checo, al ver una de nuestras obras en que usábamos el AK-47 veía en él el símbolo de la opresión de su pueblo. Pero también es cierto que en otros países el mismo símbolo representa la liberación: todavía algún país africano tiene en su bandera el perfil del AK-47 como recuerdo de las guerras de descolonización."

(julio 1998)

Dentro de mis performances, la construcción de las armas representa un componente simbólico íntimamente relacionado con el contenido conceptual de la acción.

En mi obra reciente utilizo a menudo la imagen de las armas de asalto como “objetos culturales” que pueden encontrarse actualmente en todas partes. A pesar de tener una significación aparente muy determinada, considero que como imagen contienen una gran ambigüedad que permite lecturas múltiples. En su utilización no hay fascinación alguna por el objeto como tal, sino la constatación de su universalidad como símbolo presente en todas las culturas modernas. De esta manera, mi trabajo más reciente trata de establecer puentes entre las realidades sociales, culturales y políticas del lugar donde se desarrolla la acción y las de mi lugar de origen a través de símbolos universalmente reconocibles y traducibles.

(julio 2009)

El arma de asalto como símbolo

No hay una fascinación en esta línea de trabajo por el arma como objeto sino como símbolo, por su potencia simbólica, y como objeto tangible de poder.

Considero que el arma de asalto es un símbolo ambiguo. La segunda enmienda de la constitución norteamericana reconoce el derecho a llevar armas, consideradas como símbolo de libertad. En última instancia es un símbolo de poder -el poder sobre la vida y la muerte-. Entre medio, sin embargo, tiene muchas lecturas. El AK47 está presente en la bandera de Mozambique como símbolo de su lucha por la liberación anticolonial; pero para un checo representa la represión soviética de 1968. Por otro lado, vemos los soldados norteamericanos repartir ayuda humanitaria con sus M16 mientras en su país un psicópata quita la vida a un puñado de personas con la misma arma. La perspectiva también marca la ambigüedad del arma: en tiempo de paz, un soldado en la calle con un arma de asalto indica un golpe de estado, mientras que un civil con la misma arma señalaría una revolución.

Mi trabajo moviliza estos símbolos; denuncio unos poderes que trabajan con nuevos sistemas de dominación -actualmente para dominar un país no hacen falta armas- y lo represento con armamento convencional, buscando con esta metáfora –convertida en arcaísmo por comparación con estos sistemas de dominación- una reacción del público. Pero también es bien cierto que la compraventa de armas continúa y que en tiempos de crisis es uno de los pocos comercios que sigue aumentando.

Me resulta especialmente sugerente utilizar un material aparentemente inocuo que se acostumbra a usar en las manualidades infantiles -y que también tiene connotaciones de reparación-, la venda de yeso, para construir las armas. También el relleno, hecho de diarios, tiene implicaciones irónicas, puesto que son parte de aquellos “papeles mojados” de los cuales he hablado a menudo en mi trabajo.

(septiembre 2010)

Obras y textos: Carlos Pina & Stidna (Maria Cosmes & Carlos Pina)